¿Los perros eligen cooperar? Lo que revela un estudio

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Un estudio de 2026 analizó si los perros domésticos seguían intentando conseguir juntos una recompensa mayor cuando cada uno podía optar por una recompensa menor por su cuenta. En 23 parejas de perros que vivían en hogares, estos coordinaron sus acciones para elegir la opción conjunta, más difícil, en aproximadamente 5% de los ensayos de elección incluidos en ambas condiciones de recompensa. Por lo general, eligieron la opción que podían resolver individualmente, y la elección cooperativa fue menos frecuente a medida que avanzaban las sesiones.

Ilustración conceptual de dos perros domésticos frente a dos dispositivos con comida: uno compartido y otro individual, en un estudio sobre cooperación; no es una fotografía del estudio.
Ilustración conceptual de las opciones del estudio. La imagen no es una fotografía de la sesión de investigación.

La pregunta que motivó el estudio

Los investigadores utilizaron un juego de caza del ciervo, una situación de elección estructurada en la que dos participantes pueden colaborar para obtener una recompensa de mayor valor o elegir una opción que puedan resolver por separado para conseguir una recompensa menor. Querían averiguar si los perros adaptarían su elección a la de un compañero y harían el esfuerzo necesario para que funcionara la opción conjunta.

El estudio analizó un aparato exigente con una muestra de voluntarios concreta. No evaluó si un perro es amistoso, leal, independiente o capaz de cooperar en la vida cotidiana en casa. Los resultados se aplican a esa tarea, a sus reglas de recompensa y a los perros que participaron.

Quiénes participaron

El estudio incluyó a 23 parejas de perros domésticos del Clever Dog Lab de Viena, Austria. Los perros tenían entre 1 y 12 años. Cada pareja llevaba al menos un año viviendo con los mismos dueños y conviviendo entre sí. Según sus dueños, no había agresividad por la comida entre los perros. Once parejas participaron en la condición de recompensa habitual y 12, en la condición de recompensa igual.

La muestra se formó mediante una convocatoria voluntaria en la base de datos de participantes del laboratorio. No se evaluó a cuatro parejas porque uno de los perros no aprendió la acción entrenada tras tres sesiones de entrenamiento. En la primera sesión de prueba, 16 perros recibieron estímulos adicionales después de no responder repetidamente. Todos eligieron después de ese estímulo y ninguno fue excluido en esa fase.

Cómo funcionaba el juego

Cada pareja completó seis sesiones de 30 ensayos en días distintos. Los perros elegían entre dos lados de un aparato:

  • La opción individual, llamada liebre, podía resolverla un solo perro y daba una recompensa de poco valor.
  • La opción conjunta, llamada ciervo, requería que ambos perros eligieran el mismo lado y tiraran de la cuerda o el cajón que tenían asignado en momentos e intensidades similares.

En la condición de recompensa habitual, solo se podía obtener la recompensa mayor si ambos perros coordinaban sus acciones y elegían la opción conjunta. En la condición de recompensa igual, la recompensa mayor podía conseguirse tanto con la opción individual como con la conjunta. Una prueba de preferencias alimentarias ayudó a los investigadores a elegir alimentos de mayor y menor valor para cada pareja.

Ilustración conceptual vista desde arriba de dos perros junto a una plataforma giratoria con un mecanismo compartido y dos individuales; no es la sala del estudio.
La posición del aparato cambiaba de un ensayo a otro. Además, la opción compartida exigía coordinación en el tiempo, aplicar una fuerza similar y perseverar.

La plataforma podía girarse hasta 18 ángulos señalados, por lo que los lados no siempre quedaban en el mismo lugar. Un perro aprendió a tirar de una cuerda con la boca y el otro, a tirar de una palanca con la pata. Los perros practicaron con otro aparato para reducir la familiaridad con el equipo de prueba. El estudio registró las elecciones y el acceso efectivo a la comida a partir de vídeos, y 20% de ellos se codificaron por segunda vez. La fiabilidad entre observadores superó el umbral indicado en el artículo para todas las variables codificadas.

Qué midieron los investigadores

Resultados por condición de recompensa
Condición Ensayos de elección incluidos Ambos eligieron la opción individual Coordinaron sus acciones para elegir la opción conjunta
Recompensa igual 1.701 1.061 ensayos (62%) 93 ensayos (5%)
Recompensa habitual 1.365 938 ensayos (69%) 72 ensayos (5%)

Estos denominadores corresponden a los ensayos de elección incluidos que se indican en el artículo. El análisis contó los ensayos en los que los perros eligieron, así que no deben interpretarse como un simple recuento de todas las oportunidades previstas.

La opción individual también era más fiable. Cuando el perro 2 elegía liebre, el acceso a la comida se registró en 90% a 95% en las condiciones en las que se elegía con un compañero. Cuando los perros coordinaban sus acciones para elegir ciervo, el perro 2 llegó a la comida en 8% de los ensayos con la misma recompensa y en 21% de los ensayos con la recompensa habitual.

Qué cambió a lo largo de las sesiones

Los perros del grupo con la recompensa habitual mostraron una mayor coordinación al principio que los del grupo con la misma recompensa, pero esa coordinación disminuyó más rápidamente en las sesiones posteriores. En ambos grupos, el perro 2 fue perdiendo probabilidad de elegir la opción conjunta a medida que avanzaban las sesiones. La elección del compañero no produjo la interacción prevista en el modelo final.

La distancia también influyó. Ambos perros tenían más probabilidades de coordinarse en el lado conjunto cuando este empezaba más cerca de ellos. Esto recuerda que una elección puede depender tanto de la disposición inmediata de la tarea como de la relación entre las recompensas disponibles.

Ilustración conceptual de dos perros domésticos tranquilos que eligen estaciones de comida separadas tras un intento conjunto fallido; no es una fotografía del estudio ni una valoración de su personalidad.
Escena conceptual del resultado: elegir estaciones separadas después de un intento conjunto fallido no demuestra nada sobre la relación entre los perros.

Conclusiones basadas en la evidencia

Una recompensa más fácil de conseguir puede imponerse si la opción conjunta no es fiable

Los perros solían volver a la opción individual, donde normalmente bastaba con una acción correcta para conseguir comida. La opción conjunta requería que ambos perros eligieran correctamente, actuaran casi al mismo tiempo y con una fuerza similar, y persistieran. Una interpretación prudente es que el coste total y la fiabilidad de cada opción influyeron en las elecciones posteriores de los perros. El estudio no demuestra que, en general, prefieran trabajar solos.

En este caso, cooperar implicaba coordinarse; no era una simple decisión social

Una pareja podía fracasar aunque ambos perros eligieran la opción conjunta, si sus acciones no estaban bien sincronizadas o no aplicaban suficiente fuerza. Los autores también señalan que, como el entrenamiento fue mínimo, los perros tuvieron que explorar por sí mismos las consecuencias de usar el dispositivo. Por eso, una tasa de éxito baja puede deberse a la coordinación física, a la motivación por la recompensa o al aprendizaje de la tarea, además de a la atención que prestan al compañero.

Una pareja con un éxito excepcional cambia la interpretación

Aquila y Nox, una de las parejas del estudio, eligieron la opción conjunta en 44% de los ensayos y tuvieron éxito en 16% de esos ensayos a lo largo de las sesiones. Su desempeño demuestra que al menos una pareja podía resolver la tarea con ese dispositivo. No demuestra que la raza, la edad, el entrenamiento o la relación entre ambos expliquen la diferencia, ya que el estudio no se diseñó para evaluar esas posibilidades.

La experiencia y el contexto también importan

La exploración inicial del experimento, el posterior cambio hacia la opción individual y las grandes diferencias entre parejas apuntan a un resultado que depende del contexto. Los autores comparan este diseño, con poco entrenamiento, con estudios en los que los perros recibieron instrucciones más directas o trabajaron con personas cuya conducta podían predecir. Esos estudios no son directamente comparables con este, pero ayudan a entender por qué una tarea puede medir tanto la experiencia y las exigencias del dispositivo como la coordinación social.

Qué no puede decirnos el estudio

Este estudio no permite saber si un perro prefiere estar solo, le desagrada otro perro, carece de vínculo con él o cooperaría en una rutina cotidiana que le resulta familiar. Tampoco permite establecer diferencias entre razas ni entre hogares con varios perros. Los perros convivían y sus dueños confirmaron que no presentaban agresividad relacionada con la comida; esto acota la muestra, pero no la hace representativa.

Los autores indican que el diseño no permite distinguir por completo entre la dificultad para entender el papel del compañero y los problemas de coordinación física o de comprensión de la relación entre una acción y su resultado. Además, para la mayoría de las parejas, quizá la comida de mayor valor no compensaba el esfuerzo adicional. Por tanto, el porcentaje de elecciones conjuntas describe este experimento, no un rasgo social estable.

Las elecciones observables en esta tarea no permiten diagnosticar miedo, ansiedad, agresividad, estrés ni ningún otro problema. Si las interacciones en casa generan conflictos o malestar de forma reiterada, es más adecuado consultar a un profesional cualificado en comportamiento animal para una evaluación individual que usar este experimento como prueba.

Una conclusión prudente para quienes conviven con perros

Si dos perros eligen actividades distintas, conviene observar la situación antes de sacar conclusiones sobre su relación. La recompensa, la disposición del espacio, el esfuerzo necesario, la experiencia previa de los perros y las probabilidades de éxito pueden influir en lo que hagan después. Un intento fallido de realizar una actividad juntos no demuestra que los perros no puedan cooperar ni que no disfruten de la compañía del otro.

Si propones una actividad de enriquecimiento para ambos, elige una que les resulte familiar y que sea lo bastante sencilla para observarlos sin obligarlos a competir. Fíjate en cómo interactúan repetidamente y en si están cómodos; adapta la actividad si uno de los perros queda desplazado una y otra vez. Esta observación práctica va más allá de lo que evaluó el estudio, así que debe entenderse como una decisión cotidiana y amable, no como una afirmación sobre las capacidades de fondo de los perros.

Fuentes y limitaciones

Wallner Werneck Mendes J, Cimarelli G, Vindevogel M, van Peer I, Ladurner G, Range F. Los perros domésticos prefieren trabajar solos antes que participar en una tarea cooperativa exigente con otros perros. PeerJ. Publicado el 27 de enero de 2026; 14:e20609. DOI: 10.7717/peerj.20609.

El artículo completo de acceso abierto incluye el diseño del estudio, los métodos, los resultados, los detalles de codificación y las limitaciones. El registro de la editorial contiene la ficha formal del artículo. La fuente se volvió a consultar el 6 de octubre de 2026. Este resumen distingue los resultados comunicados de las inferencias dirigidas a los lectores.